Mostrando entradas con la etiqueta cordoba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cordoba. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de noviembre de 2017

El Patio Cordobés

El patio cordobés proviene de los patios de las casas romanas, o lo que es lo mismo, la casa típicamente mediterránea, de exterior sencillo, y sin escalones (al menos no muchos), a la que se accedía desde un patio, con solería de mármol y fuente central.

 Los árabes mantuvieron esta tipología, aunque les añaden los "riat" (arriates) con flores y agua, que provenían del pozo o de la fuente.

 Y en la Edad Media continúa siendo el patio uno de los elementos más importantes en todas las construcciones, incluso en las religiosas. Pero lo que hoy conocemos como "Casa de Vecinos" tiene su origen, ya en la edad moderna, en la necesidad de aumentar, debido a la enorme demanda, el número de viviendas que se produjo con la emigración que hubo del campo hacia la ciudad. Estas viviendas debían ser, en primer término, asequibles, por lo que se creó un tipo de construcción parecido a las antiguas posadas. Muchas de estas casas eran antiguas casas de la aristocracia, que se modificaban levantando escaleras para acceder a la planta de arriba y haciendo habitaciones para todos los vecinos. 

El patio popular cordobés, como lo conocemos en la actualidad, está formado por una discreta entrada en zaguán que da acceso al patio, donde se sitúan los lugares comunes de la casa: lavaderos, cocinas y aseos, y que da acceso a las viviendas de los vecinos. Las paredes del patio suelen estar encaladas y llenas de macetas con geranios, jazmines, nardos, rosas, gitanillas y claveles, que le imprimen un colorido y aroma singulares. Además, suele destacar la presencia del típico pozo, en el centro o a un lado del patio, y la escalera que da acceso a las habitaciones superiores. En algunos casos incluso podemos encontrar naranjos o limoneros. 


El Ayuntamiento de Córdoba inauguró en el año 1918 el Festival de los Patios Cordobeses que ahora nos ocupa, aunque siempre se ha especulado con que fuera creado hacia 1933, ya que fue en esta fecha cuando comenzaron a popularizarse. Los concursos pararon durante la Guerra Civil, pero en la década de los años 50 volvieron a realizarse gracias, sobre todo, al impulso del alcalde Don Antonio Cruz Conde, restaurándose, incluso, algunas de las casas afectadas durante el período bélico. Además, en el último tercio del siglo XX se ha dado un nuevo impulso al festival con la creación de la Asociación de Amigos de los Patios Cordobeses, cuya finalidad es la de evitar que se pierda la tradición, ya que se ha ido produciendo el despoblamiento y un gradual envejecimiento de la población en el casco antiguo. Cierto es que la gran mayoría de los patios están situados en los barrios más antiguos de la ciudad.

Plaza de las Tendillas, Córdoba


PLAZA DE LAS TENDILLAS

Como no podía ser de otra manera, el corazón de nuestra ciudad, la Plaza de las Tendillas, tenía que estar presente en este apartado referente a los lugares de interés, como un lugar de paseo, de encuentro, de celebraciones, e incluso de manifestaciones, en definitiva, como fiel espejo de los que hoy es Córdoba. Para conocer los inicios de la Plaza de las Tendillas tenemos que remontarnos a principios de la pasada centuria, siendo alcalde de la ciudad Don José Cruz Conde. Fue entonces cuando se decidió derribar, en el año 1924, el antiguo Hotel Suizo, que describiera Teodomiro Ramírez de Arellano como "una de las mejores fondas de España". Con la demolición del inmueble, llamado así porque sus constructores, los hermanos Puzzini, eran suizos, quedó descubierta una amplia superficie de terreno a la que, poco a poco, se fueron añadiendo edificios que, en su mayoría, aún se conservan. De este modo surgieron, en 1926, en el margen occidental de la plaza las casas de Martín Fernández, trazada por Enrique Tienda Pesquero, y de Casana Diéguez, proyectada por el conocido arquitecto, conservador y arqueólogo Félix Hernández Giménez. No pasó ni un solo año cuando comenzaron a edificarse los edificios de la Unión y el Fénix y Telefónica que, situados en el costado norte de la Plaza de las Tendillas, fueron creados por los arquitectos Benjamín Gutiérrez Prieto y Ramón Aníbal Álvarez respectivamente. En 1928 se realizaron los pertenecientes al lado sur: la casa de los Condes de Colomera, también proyectado por Félix Hernández, y la de Enrique Barrios, de Aníbal González; ambos casos están considerados como unos de los ejemplos más interesantes de arquitectura historicista que alberga nuestra ciudad. La plaza se cerraba con el Instituto Provincial Luis de Góngora, que ya se encontrara en pie desde 1847, y alumno que fue, no hace mucho, quien les escribe. Sin embargo, el rasgo distintivo de la Plaza de las Tendillas, su icono, no es ninguno de estos singulares edificios, sino la bella escultura ecuestre de Don Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido popularmente como El Gran Capitán. Realizada en 1920 por el escultor cordobés Mateo Inurria Lainosa, fue ubicada en un primer momento en la Avenida del Gran Capitán, trasladándose a las Tendillas en 1927. 


Inurria, a quien le costó varios años cobrar por el trabajo realizado, recibió la medalla de honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1920. La leyenda cuenta que la cabeza pertenecía a una antigua estatua del torero Rafael Molina "El Lagartijo", sin embargo, se trata de un hecho sin fundamentos, ya que el propio Inurria esculpió un busto del torero, que precisamente se encuentra en el Museo de Bellas Artes, y sus rasgos no coinciden en absoluto. 
Otro elemento característico de la Plaza de las Tendillas es su Reloj, inaugurado en 1961, cuya sonería sustituye las habituales campanas por acordes de soleares, grabados por el guitarrista flamenco Juanito Serrano. Se ha convertido en costumbre, que la tradicional fiesta de las uvas de año nuevo sea televisada desde nuestra ciudad, agolpándose todos los años miles de cordobeses en la plaza, comiéndose las doce uvas, correspondientes a los doce últimos segundos del año, al son de los acordes de tan original reloj. La reforma acaecida hace pocos años, y que alivió a la Plaza de las Tendillas de todo tipo de tráfico, a excepción del lado occidental, arrebató a la escultura del pequeño estanque ajardinado que la cercaba, sustituyéndola por una nueva fuente, cuya nota predominante es la sobriedad que desprende. De planta cuadrada, comprende en su interior una taza circular, en la que se desarrolla el pedestal sobre el que se ubica la estatua. A ambos lados, se hallan dos grupos de surtidores, compuestos por dieciséis chorros que manan agua en vertical, que son continuo objeto de juegos de niños, sobre todo en verano. 

Resultado de imagen de Plaza de las Tendillas

Plaza de Capuchinos


PLAZA DE CAPUCHINOS 

La Plaza de Capuchinos se llamó así desde principios del siglo XVII, cuando se fundó el primitivo convento de frailes franciscanos. De planta rectangular, prácticamente cerrada, domina por completo el blanco de la cal impregnada en sus lisas paredes. El afamado arquitecto Rafael de la Hoz dijo una vez de ella, en referencia a su sobriedad y elegancia, que "jamás en arquitectura se había hecho tanto con menos". Dos accesos posee la Plaza de Capuchinos, a este y oeste, desde la Cuesta del Bailío o desde la Plaza de las Doblas. Si nos adentramos en ella por La Cuesta del Bailío nuestra vista se dirigirá al imponente Cristo de los Faroles que preside la plaza, en cambio, si lo hacemos desde la vecina Plaza las Doblas, la blanca fachada del la Iglesia del Convento de los Capuchinos dominará por completo la perspectiva. 

Resultado de imagen de Cristo de los Faroles

Fray Félix de Granada compró en 1629 al Marqués Almunia una casa de la Puerta del Corbacho, con el fin de erigir el Convento de Frailes Capuchinos en su lugar. Las obras estaban acabadas en el año 1633, construyéndose la iglesia unos años más tarde. La iglesia presentaba una planta de una sola nave con crucero cubierto por una cúpula sustentada sobre pechinas. La fachada albergaba entonces tres arcos de medio punto, quedando en la actualidad sólo el arco central, sobre el que se encuentra una hornacina con una bella imagen de "San Francisco", flanqueada por dos pequeños y estrechos vanos rectangulares. Remata el conjunto un gran frontón triangular del mismo ancho que la fachada, perforado en su centro por un pequeño óculo.

Resultado de imagen de plaza de capuchinos córdoba iglesia

 Los frailes sufrieron varios procesos de desamortización, como el decretado por el gobierno de José Bonaparte en 1810 o el protagonizado por el General Riesgo en 1821. Más tarde, con la desamortización de Mendizábal de 1835 se vendió y derribó el convento, quedando la iglesia en posesión de la Mitra. Durante estos años fueron incautados numerosos bienes, entre los que cabe destacar una "Sagrada Familia" de José de Ribera "El Espagnoletto". El primitivo Hospital de San Juan y San Jacinto fue fundado en el año 1596 por Fray Pedro del Castillo, en un enclave cercano a la Iglesia de San Juan de los Caballeros, hoy Iglesia de las Esclavas del Corazón de Jesús. El hospital permaneció allí hasta 1717, año en que el Padre Posadas lo trasladó a la plaza que nos ocupa, frente al citado Convento de Capuchinos. La Plaza de Capuchinos presenta dos accesos a iglesia y hospital. La portada de la iglesia es adintelada y se encuentra enmarcada por un frontón triangular partido, en el que se halla una hornacina con una imagen de la "Virgen de los Dolores". La portada del hospital, que también conduce a los pies de la iglesia, presenta un esquema similar a la anterior, solo que el frontón pasa a ser curvo, y la imagen representada en hornacina es ahora la de "San Jacinto", el santo titular del hospital, y debajo nos encontramos el escudo del Obispo Marcelino Siuri, quien fuera patrocinador de las obras.


 La Iglesia de los Dolores presenta una planta de una sola nave, cubierta por bóveda de cañón y cúpula sobre pechinas en el crucero. Destaca un excepcional camarín de corte neoclásico situado en la cabecera, que alberga la imagen de la Virgen de los Dolores, conocida popularmente como "la Señora de Córdoba", y que fuera tallada por el imaginero Juan Prieto hacia el año 1719. Uno de los altares del lado del evangelio se encuentra presidido por el Santísimo Cristo de la Clemencia, cotitular de la Cofradía de los Dolores, realizado por el escultor sevillano Amadeo.

El Rabo de Toro Cordobés


RABO DE TORO CORDOBÉS

Si existe un plato típico de nuestra querida y gran ciudad es, sin duda, el Rabo de Toro.
Ya se conocía en la antigua Roma, puesto que aparece en ese magnifico libro, una joya para los gastrónomos y amantes del mundo culinario, aunque la receta que actualmente conocemos no proviene de este lejano escrito. Su historia es mucho más reciente y popular.

Se trata de otra comida de “pobres” que, con el paso de los años, se ha hecho de “ricos”. Otra de esas recetas económicas inventadas por la necesidad por que, como ya sabemos, el hambre agudiza el ingenio.

A finales del siglo XIX es cuando esta receta tradicional comienza a cocerse en las casas cordobesas, en una época de máximo esplendor para el mundo del toreo y de quienes lo representan, por ejemplo: Mazzantini, Lagartijo, Pireo, J. Mª Martorell, el gran Manolete o el V Califa, Manuel Benítez (El Cordobés).
 
Las gentes más humildes de la ciudad de Córdoba esperaban con paciencia a que los diestros dieran final a la vida de los toros bravos y aquí, en las puertas traseras de la plaza de toros de Los Tejares, es donde ocurría lo verdaderamente trascendental: el toreo regala el rabo, las orejas, las vísceras y demás casquería, mientras que el empresario, apoderado y algún carnicero con algo de poder monetario se quedaba con las partes nobles como el lomo, solomillos, patas… etc.

Todo el esmero de aquellas mujeres cordobesas de la época se depositaba en ese trofeo culinario, con el cual deberían alimentar a toda una casa de vecinos. Esto, como hemos visto en otras ocasiones, hace que el ingenio, la astucia y el hambre resurja de lo más interno de sus almas. Pensad que con un par de rabos o como mucho 3 pares, debían hacer de comer para unas 30 personas aproximadamente.

La receta en cuestión es bien sencilla: se trata de un estofado común, con la finalidad de aumentar la cantidad de ingredientes y hacer que la carne de rabo quedase muy tierna.

Deliciosa receta esta, con otra historia de ingenio y superación de situaciones económicas complicadas. Por eso no me gustaría dejar de comparar a estas mujeres pobres con los más grandes Chef del momento. Desde aquí, mi reconocimiento y mi gratitud a esas mujeres, de Córdoba. A ellas pertenece esta obra de arte comestible. Gracias!!!!!

Ahí va la receta…
Ingredientes para 4 personas:

- 2 kgs. de rabo de toro (cortado por la coyuntura).
- 1kg. de cebolla en trozos grandes.
- 500 grs. de zanahoria en trozos medianos.
- 500 grs. de tomate maduro cortado en trozos medianos.
- Una cabeza de ajos cortada por la mitad.
- 2 hojas de laurel.
- 7 granos de pimienta negra.
- 12 hebras de azafrán.
- 1 L. de vino de Montilla, si es oloroso, mejor. (También se hace con vino tinto, aunque seremos fieles a nuestra tierra).
- Sal al gusto.
- 100 ml. de aceite de oliva.
- Agua hasta cubrir y la necesaria para el estofado.

Elaboración:

En el aceite, dorar el ajo, cebolla y zanahoria. Después incorporar los rabos y los tomates, salpimentar y rehogar.
Agregar las especias, rociar con el vino y dejar hervir durante 10 minutos.
Después de esto le verteremos el agua hasta cubrirlos y lo dejaremos cocer hasta que estén los rabos tiernos. Esto suele ser entre tres o cuatro horas, en función de la carne y otros factores.

IMPORTANTE: No dejar que se peguen y remover de vez en cuando. Por supuesto, que siempre estén cubiertos de liquido. Buen provecho.